miércoles, 4 de noviembre de 2015

Guía poema "Explosión"

Apuntes para el poema Explosión de Delmira Agustini

Estructura formal: Es un soneto, es decir un poema formado por dos cuartetos y dos tercetos de versos endecasílabos (11 sílabas). Su rima es consonante y su esquema es ABAB, BABA, CCD, EED.

En este poema, el yo lírico expresa la pasión por el amado y contrapone sus estados de ánimo anteriores y posteriores a la llegada del amor.

Título: Es un título simbólico pues expresa la sensación que experimenta el yo lírico, pero no en un sentido literal. Hay en el yo lírico una explosión de sentimientos, de nuevas experiencias, de nuevas visiones acerca de la vida. Y todo esto impulsado por el amor.

Tema: el amor.

Primera estrofa

Comienza con un condicional “Si...” donde bendice la vida cuando esta es amor. La idea que subyace es que se vive para amar, el amor sería, desde su punto de vista, lo que da sentido a la vida. Los signos de exclamación enfatizan esta idea.
El segundo verso comienza con un verbo conjugado en primera persona (“Quiero”), apareciendo así el yo lírico. El sentido de este verso se continúa en el siguiente por lo que estamos  frente a un encabalgamiento.
En el tercer y cuarto verso manifiesta su preferencia por el sentimiento frente a la idea. Se trata de la oposición razón/pasión. Para el yo lírico es más importante un minuto de amor que toda una vida dedicada a la razón. Así, “idea” y “sentimiento” se contraponen; al igual que “mil años” y “un minuto”. La expresión “mil años” es, además una hipérbole (exageración).
Toda la estrofa está expresada en presente. Plantea cómo se siente hoy, luego de la llegada del amor.

Segunda estrofa

Esta estrofa comienza enfocándose en el pasado, un pasado en el que se ha experimentado tristeza, la cual fue vencida por la llegada del amor. El corazón (asociado a los sentimientos) aparece personificado: “moría triste y lento…”
La visión de muerte del primer verso se contrapone al objeto “flor” que aparece en el segundo, elemento que podemos asociar a la vida, al renacimiento. Ahora su vida “abre en luz”, es decir se abre al amor, a una nueva vida; y da luz al tiempo que la recibe, pues se abre “como una flor febea” (flor de luz) lo cual puede identificarse con la reciprocidad del sentimiento amoroso. En este segundo verso, vemos además una comparación: “abre en luz como una flor febea”; recurso que aparece nuevamente en el verso siguiente para explicar cómo su vida ha sido impulsada por el amor: “La vida brota como un mar violento”. Esta última imagen se vincula a la explosión que se plantea en el título.
Pero la vida brota cuando aparece el amor; cuando “la mano del amor golpea”. El amor aparece aquí personificado.

Tercera estrofa

En este primer terceto se centra en el sentimiento de melancolía que predominaba en su vida anterior y que ahora se ha superado, ha quedado en el pasado. Representa esta idea  animalizando la melancolía (“rotas las alas mi melancolía”); esta se presenta como un ser alado que se fue hacia la “noche, triste, fría”. Es última imagen tiene connotaciones negativas: la oscuridad, la tristeza y el frío se oponen a su situación actual donde predomina la luz (imagen de la flor febea planteada en el estrofa anterior). Esa melancolía tiene rotas las alas, es una melancolía herida, que ha sido derrotada, está debilitada.
El tercer verso de esta estrofa se continúa en el primero de la estrofa siguiente, por lo que identificamos un encabalgamiento. Comienza con un nexo que plantea una comparación: la melancolía se desintegrará en la sombra lejana y solo será una “vieja mancha de dolor”; solo quedará un débil rastro de ese sentimiento pasado.

Cuarta estrofa

La “sombra lejana” se vincula con la noche que se ha mencionado en la estrofa anterior. La melancolía se irá lejos y solo quedará su recuerdo.
Los últimos dos versos son exclamaciones en las que aparecen imágenes rutilantes de alegría. Ambas comienzan con la expresión “Mi vida...” (anáfora). Presentan además estructuras similares. Hay allí alusión a lo físico: el beso, la boca. La alegría la envuelve; hoy, toda su vida es felicidad porque ha llegado el amor.

En el último verso aparece una metáfora en la que se identifica su vida con una boca en flor: su vida está abierta al sentimiento amoroso, a todo lo nuevo, y esta apertura implica un renacimiento.

lunes, 26 de octubre de 2015

José Martí, MATERIAL DE APOYO PARA POEMA V

Material de apoyo
Poema V
Segunda estrofa
Compara su verso con un puñal, símbolo de lucha y sacrificio, elemento punzante que es capaz de penetrar en las personas bruscamente como lo hace su poesía. Pero este es un puñal peculiar, porque por el puño (lugar por donde el hombre toma el puñal) echa flor. El verso penetra en las personas, pero este contacto es fructífero, da flor, deja un saldo positivo, es fructífero.
Las estructuras de los versos 1 y 2 de esta estrofa tienen una construcción similar a la de los versos 3 y 4.

Tercera estrofa
El verde claro está asociado a la naturaleza y representa  serenidad y, a la vez, fecundidad, fertilidad. El carmín encendido, en tanto, es color de fuerza y pasión (en el sentido de empeño y voluntad puesta al servicio de un objetivo). Su verso es serenidad, pero a la vez es fuerza, empeño, pasión; es un verso que lucha por la excelencia, por alcanzar un ideal y que promueve valores de libertad e igualdad.
El ciervo herido es una imagen que se asocia con la fragilidad y que mueve a compasión. Representa la fragilidad de su poesía, a veces herida, porque está expuesta a las críticas, pero que ante ellas, no se rinde, sino que intenta renovarse y acercarse a la perfección (el ciervo busca refugio en el monte, símbolo de excelencia e ideal a alcanzar).

Cuarta estrofa
Menciona elementos que mantienen relación entre sí: valiente, acero, espada; y que están asociados a la lucha, la fuerza, el valor. Al valiente le agrada su verso porque es un verso sincero, que busca la verdad y la justicia.
Describe a su verso con dos adjetivos: breve y sincero. Esto se relaciona con el título de la obra en la que se incluye este poema “Versos sencillos”. Martí cree que la poesía no necesita suntuosidad, sino sinceridad y compromiso, espontaneidad, aunque sin perder la búsqueda formal y lo estético.

En suma, en sus versos convergen polos opuestos, pero complementarios: estética y ética; belleza y pasión; serenidad y fuerza. Es una poesía sencilla, pero no por ello poco profunda; y es capaz de penetrar en las personas e influir en ellas ideológicamente.

Las influencias del Parnasianismo y el Simbolismo, están presentes en esta poesía. El Parnasianismo se centra en la relación entre poesía y artes plásticas; idea presente en la mención que se realiza a los colores (verde claro, carmín encendido). El simbolismo, por su parte, propone sugerir a través del símbolo; elemento primordial en la obra de Martí y especialmente en este poema (recordar, por ejemplo, la insistencia en el símbolo monte).

lunes, 24 de noviembre de 2014

Guía para alumnos (poema "La hora")

LA HORA


Tómame ahora que aún es temprano
Y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
Esta taciturna cabellera mía.

Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera
La sandalia viva de la primavera.

Ahora, que en mis labios repica la risa
Como una campana sacudida a prisa.

Después… ¡ah, yo sé
Que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
Como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
Y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
Que la enredadera crecerá ciprés?

(de Lenguas de diamante)


Guía de análisis
  • Estudio del título.
  • Estructura formal.
  • Tema. Concepto de Carpe diem.
  • Utilización de dos tiempos, presente y futuro. Identificar en qué estrofa predomina cada uno.
  • Reconocer reiteraciones (anáforas)
  • Reconocer encabalgamientos (el sentido de un verso se completa en el siguiente).
  • Identificar casos de elipsis, donde el tómame no aparece, pero queda sobreentendido.
  • ¿A quién está dirigido el poema? ¿Por qué?
  • ¿Qué pretende el yo lírico de ese tú al cual le exhorta que la tome? ¿Qué le pide? ¿Qué le ofrece?
  • ¿Por qué desea que la tome ahora y no más tarde? ¿A qué se debe la urgencia?
  • El presente se asocia a la juventud. ¿Qué imágenes se utilizan para hacer referencia a ella? ¿Qué recursos configuran? Explica qué sugieren cada uno de ellos.
  • El futuro se asocia a la vejez y a la muerte. ¿Qué imágenes sugieren estos procesos? ¿Qué recursos puedes reconocer en ellas? Explica que sugieren cada uno de ellos.
  • ¿De dónde se han extraído la mayoría de las imágenes de este poema?
  • ¿Qué similitudes encuentras entre la primera y segunda estrofa?
  • ¿Qué importancia tienen los signos de exclamación en la sexta estrofa?


miércoles, 11 de junio de 2014

Cuentos de Juan José Morosoli

El burro
Umpiérrez se levantaba, empezaba el mate, encendía el fuego y ponía un churrasquito en las brasas. Después desayunaba y se iba al horno de ladrillos donde trabajaba. Al mediodía se apartaba del grupo de "cortadores" que hacían un fuego en común, encendía su propio fuego, tomaba mate, ponía un churrasquito y almorzaba. De tarde, al rgresar del horno, pasaba por el matadero, levantaba achuras, las asaba, tomaba mate y cenaba. Luego se sentaba frente a la noche, fumando. Por el camino ciego que moría en el horno, no pasaba nadie. A sus espaldas las tunas y cinacinas borroneaban la noche. Después se iba a dormir.
***
Una vez Anchordoqui le preguntó:
-¿Pero vos no vas nunca al boliche?
-¿Pa qué?
-A jugar un truco... A tomar una caña...
-¿Para salir peliando después?
-¿Y las mujeres, no te gustan?
-¿Pa qué? ¿Para llenarte de hijos?
Anchordoqui seguía preguntando. Esperaba dejarlo sin respuesta.
-¿Y perro no tenés?
-¿Pa qué?
-¿Como pa qué? -dijo Anchordoqui malhumorado-. ¿Pa qué...? Para tenerlos nomás, para lo que se tienen los perros!
-Para tenerlos nomás, mejor no tenerlos...
-Pero alguna diversión tenés que tener -dijo Anchordoqui en retirada.
-¿Querés mejor diversión que vivir como yo vivo?
Esta vez fue Anchordoqui el que no contestó.
***
Con los vecinos se llevaban bien. A Nemesia la lavandera, vecina de metros más allá, la veía cuando se levantaba. Ella le daba los buenos días, arrimaba el carrito de mano, en el que llevaba las bolsas de ropa al arroyo y al fin las cargaba. Alguna vez Umpiérrez la ayudaba a levantar las bolsas.
Con Vera -el guardia civil lindero del otro lado-, se veían a boca de noche, cuando regresaba de "el servicio", y solían cambiar algunas palabras. Una vez que este estuvo enfermo fue a acompañarlo. LLevó la pava y el mate y se sentó al lado de la cama, le preguntó si quería algo y luego se puso a tomar mate callado.
Al rato Vera le dijo:
-Yo no hablo porque tengo la garganta mal...
-Quédese callao nomás -respondió él-, yo no vine a hablar. Vine a acompañarle.
Así estuvo hasta que Vera se durmió.
-El hombre está dormido -se dijo-. Y levantó la pava, puso el mate en un bolsillo y se fue.
***
Un día partió hacia la estancia de Ramírez. Iba a hacerle cuatro "quemas" de ladrillo "por un tanto" con techo y comida.
Al terminar le dijo a Ramírez:
-El trabajo está... Si no precisa algo más...
Ramírez le contestó que no. Le dijo -además- que estaba muy contento con él y con el trabajo que había hecho.
-Le voy a regalar una manta de charque, medio capón y una bolsa de boniatos.
-La cuestión es llevarlo -comentó él.
-Cargue en el burro y cuando llegue a su rancho lo echa al camino...
-¿Y cabrestiará? -preguntó Umpiérrez.
-Pruebe...
Era un burro sin dueño y cansado de caminos, que había llegado allí un día que encontró la portera abierta. Era de pelo gris, con basteras que empezaban a pelechar, de orejas quebradas que le caían sobre las quijadas.
El ensilló su caballo, cargó el burro y partió. El burro emparejó el trotecito del caballo sin dificultad. Cabrestiaba que daba gusto. Había marchado como una hora olvidado del burro, cuando se le ocurrió mirar para atrás. El cabestro se había desprendido de la asidera, pero el burro seguía la marcha como si nada hubiera ocurrido.
-¡Mirá! -dijo Umpiérrez.
Desmontó, sacudió la clinera del burro con simpatía, ató otra vez el tiro y siguió camino adelante.
***
Llegó, desensilló, y luego de refrescar el caballo lo soltó allí nomás en el potrero lindero al horno. Luego consideró que el burro tendría sed. Sacó la lata de lavarse los pies, la llenó de agua y esperó.
-Sin duda el burro, después de beber -pensó-, tomará el camino. Hambre tiene que tener...
Pero no. El burro bebió y luego se paró frente a él, mirándole con curiosidad llena de ternura.
-¿Pero ha visto? -dijo Umpiérrez hablando para sí mismo a media voz. Y tras un silencio:
-Umpiérrez, traéle un poco de chala... te trajo el charque y el capón y los boniatos.
Y cuando él se aconsejaba, siempre aceptaba los consejos.
Por eso fue a buscar un brazado de chala.
***
Al otro día cuando volvió del trabajo, encontró a López -un español riquísimo dueño de medio pueblo-, parado frente al burro.
-¡Qué lindo animal! -le dijo y agregó-: Cuando yo era niño y cuidaba ovejas en la montaña, tenía uno igual...
Unpiérrez pensó que López se estaba riendo de él y del burro. Pero no, porque López siguió así:
-Mañana traigo a mis nietos a verlo y te mandaré un saco de maíz y otro de afrecho.
Umpiérrez se quedó cavilando. Halló que la actitud del burro con él, y la de López con el burro eran una cosa rara. Y aquella generosidad, conociendo a López, más. 
***
El iba al horno, venía. Se iba otra vez. El burro lo veía partir, de pecho al camino, como hace un perro cuando se va el amo. Al atardecer, cuando Umpiérrez volvía, el burro estaba allí esperándole.
***
Aquella tarde estaban López y Nemesia frente al rancho.
-¿Qué pasa? -preguntó Umpiérrez.
-Pasa que los muchachos casi matan al burro a pedradas. Si Nemesia no llega a tiempo... Mañana hacemos el alambrado y un galpón de cajones...
***
Era un galpón abrigado, de piso seco, con olor a pasto. Cuando llovía, Nemesia iba allí a lavar y a secar la ropa. Umpiérrez cebaba mate para los dos. Un día ella se comidió para hacer la comida, y él aceptó. 
***
Anchordoqui terminó el comentario:
-No quería bichos ni mujer, pero el asunto es que los tres se la pasan mejor que yo... 




El disfraz
El flaco Matías se paró frente a la vidriera. Allí estaba la careta de calavera. Era cierto. Medina le había dicho que él mismo la había visto y que era el primer asombrado.
—Mirá, yo sé que caretas hay de todas clases. No hay cara que no tenga su careta. ¡Con decirte que he visto la careta de Siete y Tres Diez!
***
El Flaco estuvo con ganas de no creer. Siete y Trez Diez era un rengo feísimo y de mal genio. No encontraba pareja para el truco porque al pasar la seña hacía reír al compañero y de yapa se enojaba.
—Pero de muerto, eso sí que no había visto… ¡Ni había pensado ver siquiera!
***
El Flaco no había querido disfrazarse nunca. Le parecía una estupidez. Él no estaba de acuerdo en hacer reír a los demás. Pero allí, frente a aquella careta sintió el deseo de disfrazarse. Le había gustado quién sabe por qué. Entró y la compró. El comerciante se la vendió muy barata, eso sí, le fue franco. Le dijo que no la había tirado a la basura porque el deber de él, como comerciante, era venderla y no tirarla.
—Lo que uno compra es porque vale y el deber es hacerlo valer más.
El lo entendía así, al menos. Sin embargo se la dio por poco más de nada.
—Bueno —dijo el Flaco— ¿y esto qué traje lleva?
—¿Cómo qué traje?
—¡Pues! ¿O es que la muerte no tiene cuerpo?…
El asunto comenzó a conversarse.
—Mire, si quiere se pone un camisón blanco que vaya hasta el suelo. O uno negro.
Y agregó:
—Tiene que llevar guadaña, también…
Si quería, podía llevar bajo el camisón, un tarro con gusanos. Él había visto, siendo niño, en España, de donde era, un hombre disfrazado de Muerte, que hacía esto.
***
En la comisaría, cuando fue a pedir el permiso, le previnieron:
—Mire que no se puede disfrazar de general, ni de cura… ¿Oyó?
—¿Y de muerte? —preguntó el Flaco.
—Sí. Tengo una careta de calavera.
—¿Es la que estaba en la tienda de Pérez?
—¡Es la misma!
Entonces el escribiente le dijo que esa careta no se podía usar.
—¿Por qué?
—Porque es una falta de respeto a la religión.
El Flaco le dijo que no veía qué tenía que ver una cosa con la otra. Además, allí había un edicto que decía: curas y generales. De la muerte no decía absolutamente nada.
—Muy bien. Lo que usted va a hacer no tiene nombre. Reírse de los más sagrado. Reírse de la muerte.
—Yo —dijo el Flaco para terminar—, no es por reírme de la muerte. Es por divertirme yo.
Le dieron el permiso.
***
—¿Pero vos te divertís con eso, Flaco?
La careta le quedaba bien. Además, según decía Medina, caminaba de una manera que hacía juego con el disfraz.
—¿Cómo, hermano?
No se podía explicar.
—Vos tenés un caminar que te viene bien pa eso… ¡Qué te viá explicar yo!… Cada uno tiene su caminar, y el tuyo hace pensar en la muerte.
***
Él caminaba como caminaba siempre. Miraba a las viejas y hacía un ademán con la mano: que lo esperaran. Luego con la guadaña hacía un movimiento de segador. Allí en la plaza, la gente se olvidaba de los gauchos, que barajaban haciendo un ruido del diablo con sus machetes de palo, de los caballos que se deshacían materialmente corcoveando bajo el azote de los taleros, y se agrupaban curioseando al Flaco que avanzaba por el centro. Dos escoberos que se descaderaban bailando entre unos cueros que les colgaban de la cintura, se quedaban sin concurso. Un cristiano disfrazado de avestruz, se mataba disparando, exagerando el susto que le ocasionaba el Flaco. Algunas viejas se persignaban.
Fue entonces que un disfrazado de mujer embarazada, empezó a tirarle besos, cruzó la vereda y tomó al Flaco del brazo.
Esto medio hizo recobrar la alegría de los mirones. Los caballos volvieron a corcovear, los gauchos siguieron la lucha y los escoberos recomenzaron su torneo de zancadillas y quebraderas.
Pero la gente, o mejor dicho, los vivientes, hombres y mujeres que acuden desde la orilla del pueblo a la plaza, hasta que el Flaco no se fue, no estuvieron a gusto.
***
—Pero, decime una cosa, cristiano: ¿vos te divertís con eso?
—Sí.
—Yo no te veo ni reír ni loquear…
El Flaco le replicó que para divertirse no precisaba reírse ni hacer reír. A él le gustaba ver la cara que ponían las viejas, caminar despacio y hacer aquel ademán que quería decir que lo esperaran.
—Pero la gente se te aparta…
—¡Pero si esto es lo que quiere la muerte!… ¡Si esto es nativo del disfraz!
***
Pasaban los años y el Flaco seguía siendo el disfrazado de calavera. Como los caballitos y los gauchos, era una parte del carnaval del pueblo.

Aquel entierro de Carnaval, el Flaco se encontró con una cosa que lo dejó asombrado: en la calle diez o doce criaturas disfrazadas de muerte, hacían cabriolas frente a la risa de la gente.
Sin duda estaba mal que los niños se pusieran aquel disfraz. Y que hicieran reír.
Al volver al rancho le dijo a Medina:
—¿Sabrás que esta noche quemo el disfraz?
Sí. Ya no valía la pena. La gente comenzaba a reírse de aquella cosa tan seria.
—Yo extrañaré y el carnaval se acabará para mí. ¡Pero no nací para payaso!
***
Bajo un cielo profundo, lleno de estrellas, en el más hondo rincón del fondo, ardía aquel sudario que acompañó al Flaco durante años y años.
Él, frente a las llamas que le encendían y desfiguraban el rostro, estaba serio, grave, como si asistiera al entierro de un pariente.
El fuego, al chamuscar el hinojal, perfumaba la noche.
¡Desde lejos, como una marea, llegaba el rumor de la plaza ardiendo de gauchos, machetazos, caballos corcoveadores y chinas vestidas de colorado!…